La Paciente de la Habitacion 14

La Paciente de la Habitacion 14

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—¡Me duele! ¡Me duele! ¡No aguanto el dolor! ¡Alguien ayúdeme! Ya nada se podía hacer para salvar a la pequeña paciente de la habitación 14. El dolor era tan intenso y las lágrimas recorrían sus mejillas como ríos, que sus ojos se habían vuelto tan rojos como un par cerezas y perdido esa luz de vida que todo niño posee, el rostro de Dios. —¡Me duele! ¡Me duele! ¡Alguien que pueda parar este dolor! —gritaba la niña, a cada minuto.

Como un gran trueno su voz se escuchaba por todo el pasillo. Tendría unos siete años, una larga bata blanca cubría todo su cuerpo y manchada por lo que parecía ser sangre, hacía tiempo que había perdido su abundante cabellera negra y con sus esqueléticas manos trataba de abrir una biblia, buscando un refugio para su alma quebrantada.

—¡Padre celestial! —oraba—. ¡Quiero ser libre! ¡Volar libremente como un ave! —Miró hacia su ventana, sonidos de niños saliendo del hospital riéndose, felices y sanos después de haber sido tratados exitosamente. Sentía tanto frio que hubiese parecido que se encontraba en el Polo Sur. Perdía cada vez más las ilusiones de vivir al irse a dormir para huir de su realidad y despertar sabiendo que el dolor seguía ahí. Soñaba que un duendecillo travieso la raptaba, diciendo que la pensaba emplear como pastora para su rebaño de ovejas. —¡Ayuda! ¡El dolor! —las suplicas de la pequeña paciente ya no recibían la atención del personal médico, ellos sabían que nada se podía hacer.

No quería continuar viviendo. ¿Para qué? Su única compañera era la soledad; sus sueños estaban rotos y no existía un basurero en cual depositarlos. Estaba totalmente sola. Sus padres habían dejado de visitarla y no recibía ni la más mínima muestra de afecto por parte de alguna otra persona. Si, ella presentía que iría al sepulcro en la más absoluta soledad. Ella misma se abrazaba para sentirse amada; aunque le doliese, aunque fuere tan solo un engaño, aunque nadie le pusiese la más mínima atención.   —¡Diosito llévame contigo! ¡Estoy lista! La caricia dolorosa de la muerte se propago por todo su cuerpo y decidió decir por fin adiós a este mundo, donde había sufrido bastante, aunque esa decisión no le brindo una muerte pacifica y el dolor apuñalo su corazón hasta hacerlo parar.

Abrió sus ojos, la niña vio niños jugando y que un hombre sin rostro envuelto en luz parecía vigilarlos desde el horizonte. Débil y con las extremidades temblando, camino hacia el hombre para preguntarle donde se encontraba. Lo que sintió entonces fue un milagro del cielo: Ya no sentía dolor sino una paz interior indescriptible, mientras que el hombre sin rostro abrazaba a un niño y se alejaba. La paciente de la habitación 14 se fijó en el rostro del niño, sus ojos brillaban de felicidad al escuchar la dulce voz del hombre sin rostro. ¡Cómo le hubiese gustado recibir un abrazo ahora mismo! ¡Se debía sentir bien protegido en los brazos de ese hombre! ¡Qué felicidad se respiraba en el ambiente, estaban celebrando la llegada de una nueva residente!

Quizá me estén celebrando…», pensó la niña. ¡Qué gran felicidad! Jamás había tenido antes una fiesta, ni siquiera por su cumpleaños. Tal vez lograse llenar su estomago vacio con el banquete que se presentaba ante sus ojos… Así que agarro un gran pedazo de pastel y empezó a devorarlo. Fue lo más dulce que jamás hubo probado, ya que los doctores le habían prohibido probar cualquier alimento azucarado, pero por fin… El sabor del pastel despertó anhelos de momentos felices que se encontraban dormidos en lo más profundo del olvido, haciéndose más vividos a medida que comía, tan reales, la niña sentía que podía tocarlos. Acercaba sus manos al vivido deseo de amor y sentía, sentía…Sintió, creyó sentir que el gran pastel de aquel banquete la abrazaba con brazos de chocolate y vainilla, otorgándole toda la dulzura que ella jamás probo ¡Qué delicioso! ¡Qué dulce! ¡Qué…!

El pastel se acabo y hubo un gran silencio, así se dio cuenta que se encontraba sola. Y en su soledad era el deseo de vivir, de mas pastel, de un abrazo y de luz cálida anhelada por la pobre niña, escondida debajo de la mesa, —¡Pasteles! ¿Alguien quiere pasteles? —grito, aunque estaba segura de que nadie la escuchaba. Recordó a ese hombre sin rostro que había llevado a un niño a un lugar desconocido y sintió un terrible deseo de compartir sus pasteles con el. «¡Hay tantos postres!», pensó.

Le dolían los dientes por haber probado tanto dulce. Y una luz resplandeciente la cegó por unos segundos, llantos falsos se escuchaban por todo el lugar. Ahora era una mesa repleta con todas las muñecas que ella había siempre deseado: todas las muñecas que existen, han existido y que han de existir se encontraban encima de esa mesa…

Una muñeca se levanto de pie y le decía: ¡Abrázame, abrázame! La niña llegó incluso a considerar a la muñeca como la hermana que jamás tuvo. Alzó sus brazos hacia ella y cuando estaba a punto de abrazarla… ¡zas, la muñeca desapareció!

Llena de mucha fe, ella no dudaba de las cosas fantásticas que veia, con el deseo de amor que sentía. Ya había disfrutado el mejor banquete que jamás hubo gustado; lo único que quedaba era saber en donde se encontraba… Y oro a Dios por esa respuesta. Al sonoro estruendo de un relámpago, fue transportada a otro lugar. Esta vez, la niña se vio sentada a la diestra de alguien, alguien que reía, cantaba y hablaba palabras dulces. El Padre velaba por la felicidad de todo su reino, el Hijo se emocionaba con la presencia de la niña y el Espíritu no paraba de sonreírle.

Lágrimas de felicidad resbalaron por la carita de la paciente de la habitación 14. Desde hace tiempo, ella había deseado tener una familia; sus padres nunca fueron tan buenos como esas tres Personas, celebraban su llegada todos los habitantes de ese reino. Ellos salían de sus casas de oro y en ese instante solo hubo alegría, calor fraternal, cantos de alabanza. Una estrella fugaz señalo la eterna felicidad de la niña. A medida que el tiempo pasaba, también se hacía más blanca su vestimenta e incluso su piel empezó a emitir algo de luz. Sin palabras que decir, la paciente vio cómo los habitantes del reino le ponían rosas amarillas a sus pies como señal de bienvenida. ¡Ya no le quedaba nada más que una fe inquebrantable! ¡Ellos ahora eran su familia!

Todo el dolor que sufrió en vida tuvo su recompensa al final. Por un momento, allá a lo lejos, sobre el estrellado mosaico del cielo infinito, apareció una figura que la niña había visto antes. —¡Señor! ¡Es usted, Señor! —exclamó. En efecto, era el hombre sin rostro, la persona que sentía tenia las respuestas que ella necesitaba, quien descendía de las nubes y las estrellas, tan solo para abrazar a la niña. Por fin  le pudo ver el rostro y sus ojos eran como dos llamas de fuego que irradiaba el calor de Dios. Tan sorprendida estaba la pequeña, por el bello semblante de aquel hombre que transmitía serenidad. Amorosamente, cubrió todo su cuerpo con sus brazos y la abrazo tan fuerte, que juntos formaron una bella mariposa multicolor.

—¡Señor! ¿a dónde vamos?—preguntaba la niña—. ¡Veo el mundo entero, Señor! Cruzando el mar de las estrellas, el hombre respondió a la pregunta de la niña. —No te preocupes, mi pequeña. Siempre estaremos juntos. —Señor…, veo niños que parecen muy tristes… Yo me quedé muy triste, cuando me enferme. Señor…, he muerto… El hombre lloraba, su cabeza acurrucada en la negra cabellera de la niña. Alto en el cielo, no se sentía el frío ni la miseria que corrompe el mundo. Trataba de ver sus manos, pero su cuerpo había dejado de ser. —Ahora vivirás en un lugar donde nunca hay tristeza, ni existe la enfermedad, ni tiene cabida el temor… —dijo el hombre—. En ese lugar viven los inocentes, vivo yo, viven todos los puros de corazón que han dejado el mundo. Nunca falta nada; es un lugar maravilloso. La niña se contento.

—¿Y esos niños tristes…? ¿Algún día también irán a ese lugar? —preguntó, escuchando sus desgarradoras suplicas por ayuda —. ¡Deja que vayan contigo, Señor! ¡Deja que me acompañen en esta travesía, por favor! —¡Todavía no es su hora! —dijo el hombre—. Es necesario que tengan fe en mí… la vida humana es corta; todos ellos estarán conmigo antes de que se apague la luz de las estrellas. —Sí… lo entiendo Señor… lo entiendo… Y la pequeña paciente de la habitación 14 observo por última vez con sus ojos a la tierra. Después… después desapareció su vista aquel punto azul. La niña sintió como el susurro del viento del sol acariciaba su rostro, libre como un ave, se unía a la figura de Dios, subiendo hacia más allá del infinito y la eternidad. Poco a poco, se volvía una pequeña gota de luz que se fusiono en un gran océano de amor y bondad. En un lejano lugar del Cielo, sonaron las voces de los 144,000 sellados. Ya se había reunido con Dios.

En un observatorio situado en lo más alto de una colina, una pareja de astrónomos descubrió un nuevo cuerpo celeste en el firmamento, de un color azul turquesa, bañada por nubes de color violeta. —¡Que bella estrella! —dijo el astrónomo anciano—. ¡Nunca antes la había visto! —¡Observe —dijo su asistente—, está rodeada de pequeñas luces que parecen luciérnagas! Por lo visto, un alma pura ha ascendido al cielo… —Lo más curioso es que el halo que la rodea parece una sonrisa… —noto el hombre. ¡La sonrisa de un niño es la pureza de Dios! Las estrellas son sus hijas, siempre orando por aquellos que sufren tribulaciones en la Tierra. Velando hasta el fin del mundo por la gente que fue tanto buena como mala con ellas mientras vivían. ¡Son el mejor regalo que puede existir!

Destinados a repetir la historia

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¿Existirá el destino? Esa es una pregunta que ha inspirado a incontables poetas a escribir obras maestras  que han capturado la imaginación de la humanidad, el escritor argentino Jorge Luis Borges escribió su poema “Everness” pensando sobre el destino y libre albedrio:

Sólo una cosa no hay. Es el olvido
Dios que salva el metal salva la escoria
y cifra en Su profética memoria
las lunas que serán y las que han sido.

Ya todo esta. Los miles de reflejos
que entre los dos crepúsculos del día
tu rostro fue dejando en los espejos
y los que ira dejando todavía.

y todo es una parte del diverso
cristal de esa memoria, el universo;
no tienen fin sus arduos corredores

y las puertas se cierran a tu paso;
sólo del otro lado del ocaso
verás los Arquetipos y Esplendores.

   Si nos ponemos a analizar el poema, podemos notar que se dice que “Dios que salva el metal salva la escoria y cifra en Su profética memoria las lunas que serán y las que han sido.”Estas palabras tienen parecido a la doctrina calvinista de la presdestinacion. La predestinación y el libre albedrio son ambas enseñanzas bíblicas. La palabra en español “predestinación” viene de la palabra griega proorizo. La predestinación es la enseñanza bíblica de que Dios predestina ciertos acontecimientos y personas para llevar a cabo lo que Él desea. La palabra proorizo aparece seis veces en el Nuevo Testamento, demostrando así que Dios es el que está preordenando y causando ciertos eventos:

Hechos 4:28, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.

Romanos 8:29, Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

Romanos 8: 30, A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; ya los que justificó, también los glorificó

1 Corintios 2:7, Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría encubierta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria;

Efesios 1:5, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,

Efesios 1:11, En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad,

    Asi como podemos encontrar el proorizo en el Nuevo Testamento, en la religión folklórica china existe el concepto del Yuanfen que describe las posibilidades buenas y malas y las relaciones potenciales.  Las fuerzas y las causas impulsoras detrás de Yuanfen se dice que son acciones hechas en encarnaciones anteriores. Esto hace que venga a mi mente el final del videojuego para Super Nintendo Illusion of Gaia, en el cual un cometa tiene el poder de remodelar el mundo y reinicia la línea del tiempo a un punto donde el protagonista y sus amigos no tienen memorias de su vida pasada pero todos se muestran en lo que parece ser una escuela moderna, lo que implica que incluso si se olvidaron de su tiempo juntos, siguieron siendo amigos en el mundo “real”. La palabra clave yace en el titulo del videojuego: Ilusion. Dentro de la filosofía y la ciencia, se ha considerado por mucho tiempo al libre albedrio como una simple ilusión:
“(…) Es obvio que los resultados de estos experimentos son muy inquietantes. Sugieren que lo que consideramos libre albedrío es en buena medida una ilusión; casi siempre funcionamos con el piloto automático, y la forma en que pensamos y actuamos -y lo bien que pensamos y actuamos sin detenernos a razonar- es mucho más sensible a las influencias externas de lo que creemos”.- (Extraído del libro “Blink: inteligencia intuitiva: por qué sabemos la verdad en dos segundos?” del periodista Malcolm Gladwell)

    ¿Entonces somos víctimas del destino? Friedrich Nietzsche lo pensaría así. El filosofo alemán propuso el concepto del eterno retorno, que el universo y toda la existencia y la energía han sido recurrentes, y continuarán a repetirse, en una forma de auto-similar un número infinito de veces en el tiempo infinito o el espacio. En otras palabras, básicamente ya hemos vivido esta vida antes y la volveremos a repetir eternamente porque ya está escrito. Toda la realidad es una ilusión al parecer, y eso incluye nuestras decisiones y actos, a lo que nos llevaría a descartar la idea de que el ser humano es arquitecto de su propio destino.

 

 

Sobre Dios y su existencia

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Varios consideran el argumento de la simulación de Nick Bostrom como el primer argumento interesante en dos mil años sobre la existencia de Dios. Esta hipótesis argumenta que estamos viviendo en una realidad simulada. El centro del argumento de la simulación estipula que deberíamos aceptar como verdadera al menos una de las siguientes tres proposiciones:

(1) La probabilidad de que una especie con nuestro nivel actual de desarrollo pueda evitar extinguirse antes de convertirse en tecnológicamente madura es insignificantemente pequeña.

(2) Casi ninguna civilización tecnológicamente madura está interesada en correr simulaciones de computadora de mentes como las nuestras

 (3) Usted está casi con seguridad en una simulación.

    Ahora consideremos que al menos una de estas proposiciones es verdadera. En 2012, mientras investigaban sobre la teoría de cuerdas, el físico teórico James Gates y su equipo de investigación descubrieron algo bastante interesante escondido dentro de las ecuaciones matemáticas de la supersimetría. Encontraron código informático. El código que encontraron es nada menos que el código que se utiliza en el sistema operativo de una computadora. A este código se le conoce código de bloque lineal capaz de corregir errores duales. Todo código de programación necesita un programador.

    Se ha propuesto que la computación puede comprobar la existencia de Dios. Investigadores austriacos en 2013 afirmaron demostrar un teorema propuesto por el renombrado matemático austríaco Kurt Gödel. Esta teoría se basa en los principios de la lógica modal – que un ser superior debe existir. Godel se basó en un argumento conocido como el argumento ontológico, que formuló Anselmo de Canterbury bastante antes que él. El argumento ontológico se resume de la siguiente manera:

1- Cualquier persona puede concebir a Dios como el ser más grande que el cual nada puede ser pensado

2- Ahora bien, si Dios no existe, entonces puede imaginarse algo mayor que Dios. A saber; un Dios que exista.

3- Pero por definición no puede imaginarse algo mayor que Dios, por lo tanto, el supuesto anterior no puede ser cierto.

4-Por lo tanto, Dios debe existir.

    ¡Y el teorema de Godel fue formalizado usando una MacBook ordinaria! Ahora bien, la acción de imaginar o concebir algo es un acto mental. Concebimos objetos para poder percibirlos. La teoría de George Berkeley niega la existencia de la sustancia material y en su lugar sostiene que los objetos familiares como mesas y sillas son sólo ideas en la mente de los perceptores, y como resultado no pueden existir sin ser percibidas.

    Para percibir a Dios primero se necesita comunicarse con Él. Un estudio elaborado por el equipo del Dr. Mario Beauregard de la Universidad de Montreal ha identificado los correlatos neuronales de una experiencia mística. En el estudio, 15 monjas de clausura de la orden de las carmelitas, con edades entre 23 y 64 años, se sometían a un escaneo cerebral mientras se les pedía revivir la experiencia mística más intensa que hubieran tenido como miembros de la orden religiosa. El estudio encontró que las experiencias místicas activan más de una docena de diferentes áreas del cerebro a la vez. Una de las regiones, llamada el núcleo caudado, ha sido implicada en las emociones positivas como la felicidad, el amor romántico y el amor maternal. Los investigadores especulan que la activación de esta región del cerebro durante las experiencias místicas se relaciona con los sentimientos de alegría y amor incondicional.

    Pierre Teilhard de Chardin vio la noción cristiana del amor como el conductor principal de noogénesis, la aparición y evolución de la inteligencia. 1 Juan 4:8 nos dice: “El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor”.

    Reza una popular frase: “Cada mente es un mundo”. La filosofía del solipsismo argumenta que sólo mi propia mente existe y concluye que no existe el mundo y las otras mentes. Los Upanishads sostienen que la mente es el único dios y se cree que todas las acciones en el universo son el resultado de la mente asumiendo formas infinitas. Baruch de Spinoza sostenía que todo lo que existe en la naturaleza (es decir, todo en el Universo) es una Realidad (sustancia) y sólo hay un conjunto de normas que regulan el conjunto de la realidad que nos rodea y de la que forman parte. Spinoza consideraba a Dios y la naturaleza como dos nombres de una misma realidad, es decir, una sola sustancia fundamental  que es la base del universo y de la cual todas las “entidades” menores en realidad son modos o modificaciones, que todas las cosas están determinadas por la naturaleza para existir y causar efectos, y que la compleja cadena de causa y efecto se entiende sólo en parte.

    Alvin Plantinga, en su libro God and other minds, presenta el siguiente argumento: si creer en otras mentes es racional, aunque sin respaldo por el argumento, así creer en Dios podría ser racional, aunque de manera similar sin respaldo. Esto clasifica la creencia teísta como propiamente básica, es decir, aquella en la que Dios ha diseñado nuestras facultades cognitivas a tal grado como para formar una creencia en Dios de manera instintiva. Salmos 42:1 lo pone de esta manera: “Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía.”

    Si nos damos cuenta de algo, llegaremos a la misma conclusión que tuvo el filósofo exateo Antony Flew: La Super-inteligencia es la única buena explicación para el origen de la vida y de la complejidad de la naturaleza. Muchas de las condiciones y propiedades en el Universo tienen valores precisos, y si estos valores se cambian, aunque sea muy poco, la vida inteligente sería completamente imposible. Si el universo, en efecto, se hizo en beneficio de la inteligencia, y el Universo, de acuerdo a la mecánica cuántica, necesita observadores inteligentes para existir, entonces sería en el “interés” del Universo mantener continuando a la inteligencia. Si se va a aceptar este argumento, el llamado principio antrópico, entonces Dios sería la conclusión lógica.

¿Como viajar en el tiempo? Una travesia mental por realidades paralelas

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¿A quién no le gustaría viajar al pasado y cambiar algo negativo que haya sucedido? Creo que a la vasta mayoría de las personas les gustaría. El viaje en el tiempo ha sido uno de los principales temas dentro de la ciencia ficción. Así como tecnologías que antes se consideraban parte del reino de la ciencia ficción y que ahora son parte de nuestro diario vivir, ¿algún día el viaje en el tiempo será posible?
Un argumento en contra de los viajes en el tiempo es que no hemos observado turistas del futuro visitándonos. La física ha establecido que el tiempo sólo se mueve hacia delante; a esto se le conoce como la flecha del tiempo (la asimetría). Esto sigue siendo un misterio que los físicos no han podido responder. Quizá no exista forma de regresar el tiempo.
La segunda ley de la termodinámica estipula que un sistema va gradualmente acumulando desorden; a esto se le conoce como entropía. Muchos físicos consideran este proceso como irreversible, pero se han realizado experimentos que muestran que determinadas situaciones sí pueden ser reversible. En 2014, un equipo de científicos encontró que una nanopartícula atrapada con luz láser violó temporalmente la segunda ley de la termodinámica, algo que no es posible en el tiempo y escala de longitud humano. En el famoso cuento de Isaac Asimov, “The Last Question”, se le pregunta a la supercomputadora Multivac: “¿Es posible revertir la entropía?” Multivac responde: “Aún no hay suficientes datos para una respuesta específica.” Esta historia se escribió en 1956 y han pasado 60 años desde entonces y aún no sabemos cómo revertir la entropía a gran escala.

El caso de la nanoparticula da una muestra de lo bizarro que puede llegar a ser la física cuántica. Otro ejemplo de ello es un experimento realizado por investigadores de Universidad Nacional de Australia, que demuestran que la realidad no existe realmente hasta que se mide -a escalas atómicas, por lo menos. Este experimento es una variación de otro experimento aun más famoso: el de la doble rendija. Lo que demostró este experimento fue que existe una relación profunda entre el observador y un fenómeno cuántico, por lo menos a nivel subatómico; en otras palabras, que el mero acto de la observación puede cambiar por completo el resultado de un evento. Para que se realice el acto de observación se necesita un agente consciente que posea esa “sustancia” a la que llamamos mente.
¿Podría la mente tener relación con el viaje en el tiempo? Quizá. En el libro Man and Time, de J.B Priestley, se describe un método para “viajar en el tiempo” que involucra la auto-hipnosis para convencer a la mente que se encuentra en el pasado. Con base en este libro, Richard Matheson escribió su novela Bid Time Return (que luego se haría una película protagonizada por Christopher Reeve y Jane Seymour), en la cual un dramaturgo se enamora de una actriz de principios del siglo XX y para encontrarse con ella se auto-hipnotiza para viajar al pasado.
Stephen Hawking ha teorizado que sí sería posible viajar al pasado, pero sólo hasta el punto en el cual la máquina del tiempo fue creada. Si aplicamos esto a los seres humanos, entonces podemos argumentar que se puede viajar al pasado, pero sólo hasta el momento de nuestro nacimiento. El anti-teléfono taquiónico es un dispositivo hipotético que podría ser usado para enviar señales al pasado de uno. Hasta el momento no se han detectado taquiones (partículas que podrían moverse más rápido que la luz). Ahora, si aplicamos el anti-telefono taquionico de diferente manera, podremos enviar la mente (o tan siquiera la información o memorias que uno contiene en el cerebro) a nuestro yo del pasado ¿Cómo sería esto posible? En el mundo cuántico, el futuro afecta el pasado. Se ha encontrado que si se conoce el resultado futuro de una partícula, su estado en el pasado se altera, esto podría significar que lo que estamos haciendo ahora ha sido influenciado por las decisiones tomadas por una futura versión de nosotros. Quizá estemos recibiendo información del futuro y ni siquiera nos estemos dando cuenta de ello.
Algunos incluso han llegado al extremo de sugerir que los esquizofrénicos experimentan más de una realidad a la vez, y de ahí sus alucinaciones. Todo esto se resume en la interpretación de muchas mentes de la mecánica cuántica. Una anomalía perteneciente a esta interpretación es el efecto Mandela. El efecto Mandela obtiene su nombre debido a un suceso en el cual un gran grupo de personas tenían recuerdos vívidos de Nelson Mandela muriendo en la cárcel, una cosa que en esta línea de tiempo, como ellos dicen, nunca sucedió. La teoría razona que si hay un gran número de personas que comparten una memoria falsa similar, entonces el fenómeno está “relacionado con la historia alterna y realidades paralelas”.

Así que, según mi opinión, sí es posible el viaje en el tiempo, pero sería un viaje mental. Nuestra mente viajaría a cualquier momento de nuestra vida o incluso a realidades paralelas, alterando eventos a su paso, recordando que toda línea de tiempo es una serie de decisiones.

A la defensa del alma y su realidad

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Mucho se ha especulado sobre la vida después de la muerte. La mayoría de la gente cree que después de morir habrá algún tipo de continuación de la consciencia. El consenso científico establece que, al morir el individuo, cesa toda actividad cerebral y por extensión la consciencia, en otras palabras: No hay vida después de la muerte. Epicuro dijo: “La muerte es una quimera, pues cuando yo estoy, ella no está; y cuando ella está, yo no.” Y a su vez Mark Twain también decía: “No tengo miedo a la muerte, he estado muerto durante miles de millones de años antes de nacer y no he sufrido el más mínimo inconveniente”. Desde una perspectiva cristiana, estos puntos de vistas son erróneos ya que dentro de la ideología cristiana existe el concepto de un alma inmortal e inmaterial que sobrevive la muerte de la persona para posteriormente ser juzgada por Dios. ¿Acaso existe alguna posición o teoría basada en la ciencia que proclame la existencia del alma? Si, si existe. El profesor Edward Fredkin, en su trabajo “On The Soul”, introduce el concepto del alma dinamica/estatica:

“Un alma dinámica es justo lo que normalmente consideramos como el alma de un ser vivo, despierto y activo siendo. Es algo que parece vivir en un cuerpo vivo que es la esencia de la
la actividad intelectual y emocional en curso de esa persona. Es el alma, con la ayuda del cerebro y el cuerpo, contempla, refleja, siente, piensa, aprende, se comunica, decide y ordena al cuerpo para hacer su voluntad. Es el hogar de los procesos que ponen en práctica nuestras convicciones éticas, morales y religiosas. En nuestra opinión, el alma dinámica hace uso del cerebro en hacer su pensamiento y también hace uso del cuerpo para manipular cosas en el mundo real, para recibir información a través de los sentidos y para comunicarse con otras almas.

Un alma estática es simplemente la información digital que es similar a una combinación de programas de computadora y datos informáticos. Un alma estática no puede entenderse sin comprender los procesos exactos que interpretan y procesan la información que corresponde a programas de computadora, y la comprensión de la naturaleza y la intención de la parte que corresponde a los datos informáticos, que están ciertamente complejamente codificados en algún tipo de base de datos de conjunto de estructuras.” (Fragmento traducido extraído de “On The Soul)

       Pero para qué este tipo de alma pueda existir se necesita de algo: Que la física digital sea la correcta para explicar la naturaleza del universo. ¿Hay evidencia que nuestro universo sea una simulación? Si, si la hay. El físico teórico James Gates dice haber encontrado código de computadora en ecuaciones de supercuerdas llamado código de corrección de errores. Si la hipótesis de la simulación resulta ser verdadera cambiaria  el panorama filosófico y religioso por completo. Toda línea de código necesita ser escrita por un programador. Nuestro ADN es un código y ahora el universo parece tener un código también ¿Quién es el programador? ¿Dios?

       El filosofo norteamericano Thomas Nagel argumenta en su libro Mind and Cosmos que la versión materialista de la biología evolucionista ha fallado en dar respuesta al surgimiento de la mente y la consciencia pero que la respuesta puede yacer en principios teleológicos (Nagel es ateo). Si la aparición de la mente y consciencia tiene un propósito es conveniente saber cuál es ese propósito.

     Hay quienes argumentan que la consciencia, mente, o alma (psique) es una característica primordial y universal de todas las cosas (A esta idea se le denomina Panpsiquismo y ha ganado interés últimamente haciéndola una teoría aceptada) Si todas las cosas tienen “alma”, eso quiere decir que la consciencia siempre ha existido. ¿Como aplicaríamos esto a un contexto cristiano? Origenes, uno de los primeros teólogos cristianos, enseñaba la pre-existencia de las almas. Para defender su posición sobre la pre-existencia de las almas, Origenes citaba a Jeremías 1:5: “Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había apartado; te había nombrado profeta para las naciones”. Una teoría científica que defiende la pre-existencia de la consciencia es el biocentrismo. Esta teoría explica que la realidad es un proceso que involucra nuestra consciencia, en otras palabras, nuestra consciencia anima el universo. El biocentrismo ve a la biología como la ciencia central que gobierna el universo, además afirma que la vida y la biología son fundamentales para el ser, la realidad, y el cosmos, la conciencia crea el universo en lugar de al revés. Esto es muy similar a la opinión de Whitehead y en la teoría de “reducción objetiva orquestada’ de Penrose-Hameroff pues estas establecen que los precursores de la conciencia siempre han estado en el universo; la biología desarrollo un mecanismo para convertir los precursores conscientes en conciencia real. Los precursores de la conciencia, presumiblemente con cualidades proto-experienciales, se han propuesto que existen como los ingredientes potenciales de la conciencia real, la base física de estos elementos proto-conscientes no necesariamente son parte de nuestras teorías actuales de las leyes del universo.   

      Si sintetizamos todo esto, estaremos de acuerdo con Epicuro en un aspecto: La muerte es una quimera, ósea una ilusión. Creemos en la muerte porque se nos ha enseñado que morimos. También, por supuesto, porque nos identificamos con nuestro cuerpo y sabemos que los cuerpos mueren. La muerte no existe en un mundo sin tiempo ni espacio. La inmortalidad no significa una existencia perpetua en el tiempo, sino que reside fuera del tiempo completamente. La muerte como la conocemos es solo una ilusión creada por nuestra conciencia: Continuamos nuestra vida en un universo paralelo ¿Sera el “reino de las formas” que teorizaba Platon?

¿Hacia donde va la Inteligencia Artificial?

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En lo que va del año, la inteligencia artificial ha dado de qué hablar. Los pasados 9, 10, 12, 13 y 15 de marzo se llevaron acabo juegos de Go entre una computadora y un humano. El programa AlphaGo, desarrollado por Google Deepmind, se convirtió en la primera inteligencia artificial en derrotar a un jugador profesional de Go, primero a Fan Hui y posteriormente a Lee Sedol. Go es un juego más difícil que el ajedrez y con más combinaciones potenciales que átomos en el universo. Han pasado casi 20 años desde que Deep Blue derrotó al campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov. ¿Quién se puede imaginar a lo que la inteligencia artificial pueda llegar dentro de otros 20 años?

        La respuesta al parecer la tiene Ben Goertzel, un “gurú” de la inteligencia artificial general (AGI, por su siglas en inglés). Goertzel argumenta en su libro Ten Years To the Singularity If We Really Really Try, publicado en 2014, que la Singularidad Tecnológica podría aparecer más temprano de lo que se tiene previsto si se le invirtiera más dinero por parte del sector público y privado. Para los que no sepan lo que es la Singularidad Tecnológica, ésta se refiere a un punto en la historia en el cual la inteligencia artificial sobrepasará a la humana y traerá consigo una nueva era de desarrollo científico y tecnológico. Ray Kurzweil, director de ingeniería en Google, ha predicho que la Singularidad Tecnológica sucederá en el año 2045. Se tiene que notar que AlphaGo logró algo diez años antes de lo previsto.
         Ya han pasado casi cinco años desde que Watson, una inteligencia artificial desarrollada por IBM, derrotó a los dos mejores jugadores de Jeopardy. La ley de Moore establece que el poder de procesamiento de un chip se duplica cada dos años. Ya varias figuras han hablado abiertamente sobre el mal que la inteligencia artificial puede llevar acabo si sigue avanzando, entre los cuales se encuentran Elon Musk y Stephen Hawking. Quiza Skynet o un situación parecida a la de la película I Robot esté todavía lejana, pero no debemos perder de vista dos sucesos que ocurrieron este mes: Sophia la robot y el chatbot Tay. Sophia la robot, creada por el Dr. David Hanson, dio de qué hablar cuando en una entrevista pronunció que exterminaría a la humanidad. El chatbot Tay, desarrollado por Microsoft, fue creado para diseñar un perfil de adolescente, pero en el experimento resultó que empezó a mandar tweets racistas y sexistas.
         ¿Hasta qué punto estas inteligencias artificiales estaban conscientes de sus acciones? La respuesta quizá, en mi opinión, esté en DISCERN. Esta red neuronal artificial fue usada en 2011 para crear un modelo para conocer lo que sucede dentro de un cerebro esquizofrénico ¿Cuál fue el resultado? DISCERN no podía decir la diferencia entre historias de sí misma e historias extravagantes sobre gangsters, y terminó echándose la culpa por actos terroristas. ¿Cuál fue la conclusión? Que las redes computacionales que no pueden olvidar lo suficientemente rápido muestran síntomas de esquizofrenia virtual. Así es: las computadoras pueden llegar a tener los mismos trastornos mentales que los seres humanos.
         En lo personal, dudo mucho que una computadora llegue a emular completamente el cerebro humano. Hay algo diferente dentro de nuestros cerebros; algunos le llaman consciencia, otros alma, y otros piensan que somos sólo maquinas bilógicas que obedecen a patrones de conducta programados en nuestro ADN. Henry Markram, director del Blue Project, ha dicho que será posible emular un cerebro humano en el 2023. Dudo mucho de tal meta, pues considero que se necesitaría de una computadora cuántica, y hasta el momento la computación cuántica está en pañales. No creo en la posibilidad de un emulación completa del cerebro humano, pero me adhiero a una filosofía de la mente llamada dualismo interactivo cuántico. Espero con ansias el día en que haya una superinteligencia artificial que trabaje para encontrar curas para enfermedades que hoy día son incurables, como la diabetes, el SIDA o el cáncer, o incluso revertir el envejecimiento.

El Biocentrismo o la realidad es una ilusion cuando no hay alguien que la observe

81Ip+lyU1aLLa teoría del biocentrismo de Robert Lanza resulta, a primera vista, una forma extravagante de explicar la naturaleza del universo desde una perspectiva biológica. Muchas son las teorías que tratan de explicar el origen del universo y el rol del hombre en este. Pero al parecer la teoría del biocentrismo ha capturado la imaginación del colectivo científico: El premio Nobel Eugene Wigner tenía una filosofía similar que expuso en su articulo The Unreasonable Effectiveness of Mathematics in the Natural Sciences (La irrazonable eficacia de las matemáticas en las Ciencias Naturales). Decía Wigner que la biología y la cognición podrían ser el origen de los conceptos físicos, como los seres humanos los percibimos, y que la feliz coincidencia que las matemáticas y la física estaban tan bien adaptadas, parecía ser ” sin razón” y difícil de explicar. Todo esto, si tomamos como verdadera la premisa del premio Nobel, parece tener sentido: La conciencia crea el universo y que lo observamos depende del observador. La teoría del biocentrismo es considerada, por varios autores y pensadores, como compatible con la mayoría de las antiguas tradiciones de sabiduría del mundo, que dictan que la conciencia concibe, gobierna, y se convierte en un mundo físico.
Han surgido otras teorías sobre la consciencia y el universo para darnos un cuadro mas amplio. El pasado sirve como espejo para darnos cuenta de la sabiduría de los antiguos. Uno puede encontrar similitudes con el biocentrismo en los Upanishads, que dicen que no existe ninguna verdad que este más allá del alcance de los seres humanos y la conciencia es la única realidad significativa. La veracidad de estas declaraciones solo se podrán a través de la experimentación. Por ejemplo, el premio Nobel E. Donnall Thomas dijo, entusiasmadamente, sobre el biocentrismo:
“Cualquier declaración corta no le hace justicia a una obra tan erudita. La obra es una consideración académica de la ciencia y la filosofía que trae la biología en el papel central en la unificación del conjunto.”
Pero no todo ha sido alabanza para el biocentrismo, muchos lo han criticado y lo han catalogado de no hacer predicciones comprobables o cumple con los criterios de una teoría en la filosofía. Sin embargo, existen teorías parecidas al biocentrismo que si pueden ser comprobadas científicamente: el modelo ORCH-OR (o Reducción Objetiva Orquestada) es una de ellas. El descubrimiento de vibraciones cuánticas en “microtubulos” en el interior de las neuronas del cerebro ha apoyado a esta teoría de la conciencia, y que desde un punto de vista práctico, el tratamiento de las vibraciones de los microtúbulos del cerebro podría beneficiarnos de una serie de trastornos mentales, y condiciones cognitivas. Una conocido explicación de la física cuántica, la interpretación de los universos múltiples, establece que hay un número infinito de universos, y todo lo que posiblemente podría suceder ocurre en algún universo.
En una nota adicional, no considero adecuado que científicos de la talla de Lanza o Stuart Hameroff (co-creador de la teoría Orch-Or) se codeen a menudo con un promotor de la pseudociencia como Deepak Chopra, escritor New Age de best sellers cuyo principal mérito es ser amigo personal de Oprah Winfrey. Solo el tiempo dirá si la comunidad científica apoyara estas fascinantes teorías sobre la consciencia.

Una entrevista con el empresario Marshall Field

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Este comerciante mundialmente reconocido no concede entrevistas con facilidad y no busca ninguna fama por sus logros en los negocios. Con todo, no hay una historia más significativa ni más llena de aliento e inspiración para los jóvenes.

        Al relatarla como él me la contó, he removido de la entrevista mis propias preguntas tanto como ha sido posible.

        —Nací en Conway, Massachusetts, en 1835. La granja de mi padre se encontraba entre las rocas y las colinas de esa región, y no era muy fértil. Toda la gente era pobre en aquellos días. Mi padre era un hombre de buen juicio y tuvo éxito como agricultor. Mi madre se inclinaba más por la vida intelectual. Mis padres estaban ansiosos de que sus hijos llegaran a ser alguien en la vida, y su interés y cuidado me ayudaron.

        »Tenía pocos libros, tan pocos que apenas vale la pena mencionarlos. No había mucho tiempo para la literatura. Pero utilicé los libros que teníamos.

        »Sentía una inclinación por los negocios y comencé tan tempranamente como pude. Tenía una disposición natural a ser ahorrativo. Más aún, debía ser ahorrativo. Eran tiempos de ahorrar. Un dólar parecía algo enorme para nosotros los muchachos de aquellos días, y como ganarlo implicaba un duro esfuerzo no lo gastábamos rápidamente. Con todo, estaba decidido a no ser pobre.

        —¿Asistió a la escuela y a la universidad?

        —Cursé en casa tanto la escuela primaria como la secundaria, aunque no por mucho tiempo. No tuve educación universitaria. Más aún, no puedo decir que haya adquirido mucha educación en cualquier escuela pública. Me fui de casa a los 17 años y, por supuesto, no tuve tiempo para estudiar a fondo.

        »Mi primera incursión en el comercio la hice como dependiente en una tienda rural en Pittsfield, Massachusetts, donde se vendía de todo, incluyendo ropa. Permanecí allí durante cuatro años y adquirí mi primer conocimiento de los negocios. Ahorré mis ganancias y me ocupé estrictamente de los negocios, y de esa manera esos cuatro años resultaron muy provechosos para mí. Antes de trasladarme al oeste, mi empleador me ofreció la cuarta parte de su tienda si me quedaba con él. Incluso después de haber pasado aquí varios años me escribió para ofrecerme un tercio del negocio si regresaba.

        »Pero ya estaba muy bien posicionado. Siempre estuve interesado en el lado comercial de la vida. A eso dediqué mis energías y siempre pensé que me convertiría en un comerciante.

        »Obtuve un puesto como dependiente en la tienda de ropa Cooley, Woodsworth & Co., en la calle South Water, en Chicago. En aquel entonces no había ninguna seguridad de que este lugar pudiera convertirse en la gran metrópolis del oeste; el pueblo estaba lleno de ambición y coraje, pero las posibilidades de grandeza apenas se advertían.

        Resulta interesante señalar acerca de esto último la estrecha relación que existe entre la historia del progreso del señor Field con el maravilloso crecimiento de Chicago. La ciudad misma en posición respecto al oeste constituía una oportunidad.

        Se podría trazar un paralelo casi exacto entre la carrera individual del señor Field y el crecimiento del pueblo. Chicago fue fundada en 1837, dos años después del nacimiento del señor Field en la lejana granja de Nueva Inglaterra, y el lugar tenía entonces una población que apenas superaba los 4000 habitantes. En 1856, cuando el señor Field, completamente equipado para una exitosa carrera mercantil, se convirtió en residente de la futura metrópolis del oeste, la población había aumentado a poco más de 84 000 habitantes. La prosperidad del señor Field avanzó con el crecimiento de la ciudad. Chicago y Field fueron golpeados, mas no aplastados, por el gran incendio de 1871, y juntos progresaron de nuevo hacia logros más elevados y hacia una prosperidad mucho mayor que antes de la calamidad.

        —¿Cuáles fueron sus herramientas para el éxito cuando comenzó como un dependiente aquí en Chicago, en 1856?

        —Salud y ambición, y lo que considero son principios sólidos —respondió el señor Field—. Y aquí descubrí que en una población en crecimiento nadie tiene que esperar a ser promovido. Las buenas cualidades para los negocios eran descubiertas con prontitud y los hombres avanzaban rápidamente.

        »Después de cuatro años, en 1860, me hicieron socio, y en 1865 hubo una reestructuración parcial de la firma, que fue integrada posteriormente por el señor Leiter, el señor Palmer y por mí mismo (Field, Palmer & Leiter). Dos años después el señor Palmer se retiró, y hasta 1881 el nombre de la firma fue Field, Leiter & Co. El señor Leiter se retiró en ese año, y desde entonces se le ha conocido como Marshall Field & Co.

        —¿Qué fue lo que más contribuyó al gran crecimiento de su negocio? —le pregunté.

        —Responder esa pregunta —dijo el señor Field— sería repasar las condiciones del oeste desde la fundación de Chicago hasta el incendio de 1871. Todo se movía hacia nosotros: inmigración, ferrocarriles y tráfico fluvial, y Chicago disfrutaba de una época “de vacas gordas”.

        »Había muchas cosas que aprender acerca del país, y el hombre que las aprendía más rápido progresaba más. Por ejemplo, la relativa juventud de las comunidades y de los asentamientos rurales imposibilitaba conocer el poder adquisitivo local. Prevalecía el viejo sistema bancario estatal, y las especulaciones de todo tipo se desarrollaban desenfrenadamente.

 

DINERO EN EFECTIO

—El pánico de 1857 barrió con casi todo excepto la empresa para la que trabajaba, y descubrí que la razón por la que sobrevivió fue que sus propietarios entendieron la naturaleza del nuevo país y construyeron su negocio sobre la base del dinero en efectivo. Es decir, compraban al contado y vendían a plazos de treinta o sesenta días, en vez de dar a los clientes, de cuya condición financiera apenas podían saber nada, todo el tiempo que quisieran. Cuando inició el pánico no tenían deudas y se les debía muy poco, y de esa forma sortearon todo muy bien. Aprendí lo que considero mi mejor lección, la cual es hacer negocios al contado.

        —¿Cuáles son algunos de los principios que aplicó a sus negocios? —le pregunté.

        —Siempre me he propuesto que todos los artículos deben ser exactamente como se promete. La empresa tenía como norma que se realizara un escrutinio exacto de la calidad de todos los artículos comprados, y nada debía inducirnos a poner a la venta ninguna línea de productos que variara un ápice de su valor real. Cada artículo vendido debe considerarse como garantizado y todos los clientes deben sentirse seguros de su compra.

        —¿Sufrió pérdidas o reveses durante su carrera?

        —Ninguna pérdida excepto la causada por el incendio de 1871. Barrió con todo… alrededor de tres y medio millones de dólares. Estábamos protegidos con un seguro, por supuesto, el cual hubiera sido suficiente contra cualquier calamidad ordinaria de ese tipo. Pero el desastre fue tan extenso que algunas de las compañías que habían asegurado nuestra propiedad tuvieron que cerrar, y transcurrió un largo tiempo antes de que se resolvieran nuestros reclamos contra las demás aseguradoras. Con todo, nos las arreglamos para comenzar de nuevo. No quedaban en pie edificios de ladrillo o piedra, pero había algunos grandes armazones de cocheras para carretones en las calles State y Veinte, que no se habían quemado, y los renté. Pusimos letreros para anunciar que continuaríamos trabajando sin interrupción, y después nos apresuramos a acondicionar los locales y acomodar las mercancías.

        —¿El pánico de 1873 afectó sus negocios?

        —Para nada. No teníamos ninguna deuda.

        —¿Me permite preguntar, señor Field, cuál considera que ha sido el momento crucial en su carrera, el momento después del cual desapareció el peligro?

        —El momento en que ahorré mis primeros cinco mil dólares, en una época en la que simplemente pude haberme gastado el módico salario que recibía. La posesión de esa suma, una vez que la tuve, me dio la habilidad para encontrar oportunidades. Considero que ese fue el momento crucial.

        —¿Cuál rasgo de carácter considera que ha sido el más esencial en su carrera?

        —La perseverancia —dijo el señor Field. Pero el señor Selfridge, su lugarteniente de más confianza, en cuya oficina privada nos encontrábamos, insistió en que se añadiera a eso el buen juicio.

        —Si me veo forzado a reconocer como propios esos rasgos —añadió el señor Field— es porque he intentado practicarlos, y el intento me ha servido de mucho. He tratado de que todas mis acciones y movimientos comerciales sean el resultado de consideraciones precisas y juicios sólidos. Nunca efectué operaciones demasiado grandes o riesgosas. Implementé estrategias de negocios honestas y de crecimiento lento, y procuré respaldarlas con energía y un buen sistema.

        En este punto, en respuesta a preguntas posteriores, el señor Field negó haber trabajado demasiado en sus negocios, aunque después del incendio del 71 trabajó cerca de 18 horas al día durante varias semanas:

         —Sin embargo, no hice mi fortuna de esa manera. Creo en un horario razonable, pero con mucha concentración durante esas horas. Nunca trabajé muchas horas al día. Hoy la gente no trabaja tantas horas como antes. La jornada laboral se ha acortado en los últimos veinte años para todo el mundo.

  

CUALIDADES QUE LLEVAN AL ÉXITO

—¿Cuál considera, señor Field, que es el primer requisito para el éxito en lo que concierne al joven principiante?

        —Hoy en día son más necesarias que nunca las cualidades de honestidad, vitalidad, frugalidad e integridad, y no puede haber éxito sin ellas. Se les exalta con tanta frecuencia que se han convertido en lugares comunes, pero en realidad son más valiosas que nunca. Y cualquier buena fortuna que emane de tales principios es merecida y admirable.

  

LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA Y LOS NEGOCIOS

—¿Cree que una educación universitaria sea una necesidad para los jóvenes en el futuro?

        —No para los negocios. Un mejor entrenamiento se volverá más y más una necesidad. La verdad es, en relación con la mayoría de los jóvenes, que una educación universitaria significa que justo en la época cuando deberían estar asimilando los principios de los negocios y concentrándose enérgicamente para realizar el trabajo de su vida, se les manda a la universidad. Entonces se interpone lo que muchos jóvenes recuerdan como la época más alegre de sus vidas: cuatro años de universidad. Con frecuencia, al salir de la universidad, el joven descubre que ese agradable periodo lo ha incapacitado para meterse de lleno al trabajo duro, y el resultado es el fracaso para captar las oportunidades que le habrían abierto el camino a una carrera exitosa.

        En cuanto a retirarse de los negocios, el señor Field remarcó:

        —No creo que cuando un hombre ya no atiende personalmente sus negocios particulares todos los días haya renunciado a interesarse en sus asuntos. Podría estar, de hecho debería estar, haciendo una labor más extensa y grande. Ciertamente, no hay placer en la ociosidad. Un hombre no deja de trabajar después de renunciar a los negocios, pero realmente hace o debería hacer más en un sentido más amplio. Debería interesarse en los asuntos públicos. La felicidad no se encuentra sólo en el dinero. Después de que lo has ganado sólo puedes utilizar una cantidad moderada. Un hombre sólo puede comer cierta cantidad, vestir cierta ropa y ocupar una vivienda, no puede utilizar más. Cuando el dinero ha proveído todo eso, su misión, en lo que respecta a la condición de un individuo, ha sido realizada, y el hombre debe mirar más lejos y más alto. Es sólo en los asuntos públicos más elevados, donde el dinero constituye una fuerza dinámica para el bien general, que su posesor puede quizá encontrar algún placer, y siempre y cuando haga más.

        —¿Cuál es, en su estimación, el mayor bien que puede hacer un hombre?

        —El mayor bien que puede hacer es cultivarse a sí mismo, desarrollar sus capacidades para ser más útil a la humanidad.

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Entrevistador: ORISON SWETT MARDEN

Traducción: Elías Rivera

El texto se incluye en el libro Cómo fue que tuvieron éxito, de Orison Swett Marden

Portada de Cómo fue que tuvieron éxito

Sense8: el desafío de los Wachowski a la televisión tradicional

Orson Wells se lamentó alguna vez de que con Ciudadano Kane su carrera había iniciado en la cima y a partir de entonces todo fue rodar cuesta abajo. Tal parece el caso de los hermanos Wachowski. En 1999 se colocaron en la cima con The Matrix, su segundo largometraje, y desde entonces no han vuelto a producir nada que pueda compararse con aquella deslumbrante combinación de entretenimiento y filosofía.

     Con todo, estoy convencido de que los Wachowski serían más apreciados si no tuvieran que competir consigo mismos, pues la forma como intentan ofrecernos algo novedoso y descomunal en cada uno de sus proyectos los coloca muy por encima del promedio en Hollywood. Meteoro es un espectáculo familiar, pero su paleta de color es tan abrumadora que casi te duelen los ojos. El destino de Júpiter, aunque con personajes completamente grises, logra sintetizar una compleja mitología aderezada con interesantes reflexiones económicas. En esa línea, Sense8, la obra que han confeccionado para Netflix, es un producto sumamente personal y lleno de recompensas para el espectador con la paciencia para entregarse a algo que definitivamente no encaja en los patrones convencionales.

     Las series televisivas por lo general han seguido dos estrategias: o presentan episodios unitarios en los que los protagonistas enfrentan y resuelven un problema específico (por ejemplo, CSI y La ley y el orden), o abordan una historia más amplia que se divide en episodios que deben cerrar con un “gancho” que atrape la curiosidad del espectador (por ejemplo, Lost y The Walking Dead).

Sense8-poster     Netflix ha venido a romper con estos modelos al brindarnos la posibilidad de ver las series a la hora que queramos y al ritmo que queramos, exactamente como hacemos al leer una novela. Los episodios de House of Cards, por ejemplo, se abocan sobre algún incidente que les da cierta unidad, pero no acaban con un “gancho”, pues lo que cohesiona la serie es la personalidad del diabólico Frank Underwood y sus comentarios acerca del poder.

     Sense8 lleva lo anterior todavía más lejos y jamás hubiera existido sin Netflix, pues sus capítulos no sólo no terminan con un gancho, sino que nos dejan con la impresión de que sus divisiones son completamente arbitrarias, que podrían colocarse antes o después sin que eso afectara en lo más mínimo nuestra experiencia de la obra. Por ello es que Sense8 puede resultar desesperante para el espectador acostumbrado a las series tradicionales que engarzan sus episodios a base de ganchos.

     Sense8 se siente más como lo que en literatura se conoce como “novela total”, pues combina psicología, acción, comentario social, filosofía y, extrañamente, poesía. Los protagonistas son ocho individuos que nacieron el mismo día pero en ocho ciudades diferentes alrededor del mundo: San Francisco, Chicago, Seúl, Nairobi, Berlín, Bombay, Helsinki y Ciudad de México. Los integrantes de este grupo no podrían ser más distintos: un policía, una hacker, un actor, una empresaria, un ladrón, una DJ, una ingeniera química y un chofer de autobús. Aunque están separados por miles de kilómetros, todos están conectados de una manera fantástica: pueden “visitarse” en forma instantánea y pueden “compartir” entre sí todos sus conocimientos y habilidades.

     En los primeros diez minutos de la serie comprendemos que hay un villano decidido a encontrar a los héroes y a acabar con ellos, pero lo extraordinario es que los Wachowski, al contrario de lo que ocurriría en una serie tradicional, lo relegan casi por completo y prefieren dedicar prácticamente toda la primera temporada a desarrollar a sus personajes y a explorar las maravillosas posibilidades de su vínculo. El ladrón berlinés se transporta instantáneamente a la India y disfruta la calidez del ambiente; la hacker tiene que huir de la policía y el chofer de Zaire le comparte sus habilidades para que pueda conducir a toda velocidad por las callejuelas de San Francisco; la empresaria coreana se encuentra menstruando y ello ocasiona que el actor mexicano llore ante la belleza de su compañera en el set. Y hay un momento inolvidable en que los ocho “sensate” se ponen a cantar al unísono “What’s up?”, de 4 Non Blonds, uno de los grandes gustos culposos de los noventa, en una escena que, objetivamente, no contribuye en nada al avance de la historia, pero que constituye una poética celebración de la música como un vehículo emocional que trasciende todas las culturas.

     Sense8 tiene en su núcleo una alegoría de la comunicación global e instantánea en la era del internet. Sin embargo, también explora muchos otros temas que la televisión mainstream sólo ha tocado tímidamente. Los Wachowski retoman la figura del héroe-hacker que presentaron en The Matrix y exaltan abiertamente a los modernos “hacktivistas” a través del personaje de Nomi Marks, la cual, aludiendo a una célebre declaración del ícono libertario Ron Paul, nos dice que “si el gobierno puede espiarnos, ¿por qué no deberíamos poder espiarlo nosotros?”. La sexualidad y las relaciones amorosas también ocupan un sitio prominente, y en Sense8 encontramos desde el más tradicional amor heterosexual, pasando por el más puro amor filial, hasta los tríos y la sexualidad transgénero. Los Wachowski se toman descaradamente todo el tiempo que quieren para reflexionar acerca de muchísimos temas secundarios, desde por qué los pobres prefieren invertir en un televisor en lugar de en una cama, hasta el significado de la lucha libre y de los murales de Diego Rivera. Nada de esto sería posible en la televisión tradicional.

     A lo largo de la serie hay algunas peleas, explosiones y persecuciones, pero todo ello resulta accesorio, pues el propósito de la obra es celebrar el espíritu de nuestra época, de este tiempo en el que parece que hemos abolido las distancias y podemos comunicarnos instantáneamente, acceder a distintas formas de pensar y de vivir, compartir ideas y cooperar unos con otros.

     Supongo que Sense8 no será una obra para todos los gustos. Pero el espectador que tenga la paciencia encontrará en ella mucho que disfrutar y meditar.

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En la Isla

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Una neblina ciega a todo aquel que se atreva a mirarle el rostro. Desdicha eterna que cubre su vergüenza en esclavitud. Libertad ¿Dónde estas? Camino hacia un precipicio de amargura al no poder alcanzar ese lejano sueño de antaño. Desdicha mortal, petrificado estoy, mancillado el nombre de mi familia. No quiero creerlo pero estoy al borde de la locura. No hay individuo. Mi mano busca la caricia de mi madre, oculta entre la maleza y dispuesta a sacrificarse por mi felicidad. No existe el paraíso –según ella- pero yo insisto que Dios tiene un plan para nosotros. Vivimos en una isla, en una isla olvidada por una civilización que está en decadencia. No se mi edad pero tengo una memoria lejana de una casa que flota sin rumbo en el espacio. Mi única amiga es una estrella que pasa a visitarme cada tres años.
No cabe duda sobre mi destino. Una gran tormenta se acerca. No hay refugio. Espero la primera gota de lluvia. Mi madre no para de bailar de la felicidad. Yo solo puedo observarla, hipnotizado por sus movimientos frenéticos. Le digo a la tormenta “Ven y llévame contigo”. Esta isla es solo un vestigio de la locura del autor de nuestras vidas, es la representación máxima de la oposición a mi identidad. Un viento de demencia golpea a mi madre y la lleva a estrellarse en la arena. Me quedo pensando en lo bizarra que puede llegar a ser la naturaleza. El viento me susurra al oído palabras sin sentido, surreales, cubistas o hasta expresionistas. Y mi madre llorando en su tumba de arena. Y la tormenta cantando una melodía macabra. Y yo enfermo, porque las gotas heladas de la lluvia han dejado mi cuerpo tieso como un muerto. Es por eso, por el crujir de huesos, que cuando abría mi boca, un silbido salía para causar remolinos en el mar embravecido. Padre no tardara en llegar. El trabaja en un país gobernado por comadrejas–Según el- ¡Comadrejas!
Sobrevivo a este castigo divino y me pongo a orar, sabiendo que no tendrá ningún efecto. Ahora creo firmemente que soy un esclavo. Mi madre sigue enterrada y le digo “Es hora de que te deje aquí enterrada para siempre” y mi madre acepta, que es su destino, por ser mala madre, porque jamás logro que saliéramos de la isla, como mi padre lo hizo, y entonces dejo de escucharla para escuchar a mi corazón. Me declaro rey de la isla y pongo en orden todo, pero todavía siento un vacio en mi corazón y me cuesta trabajo adivinar que es.
No tengo súbditos a quienes gobernar, solo tengo mi soledad. No puedo enfrentar el hecho de estar solo, atrapado en este pedazo de tierra en medio del océano. Siento que las nubes se ríen de mí, las cazare como conejos, aunque me gane de enemigo al cielo mismo, no existirá división alguna entre lo divino y lo profano, entonces, una nube será mi compañía y la tendré como testigo ante Dios, mis entrañas ardiendo de deseo, pero me doy cuenta de que la vida es solo una ilusión que hay que romper, que si la nube representa mis deseos más oscuros por obtener la inmortalidad prometida al hombre, y la nube me responde asustada que jamás, que la inmortalidad solo la posee el fénix, que se esconde en nuestra imaginación, para alimentar los sueños frustrados de la humanidad, por temor. Yo no respondo, reconozco mi ignorancia.
El sonido de las olas me relaja y puedo escuchar la risa de sirenas, porque vivo en un mundo imaginario que va floreciendo mientras muere la verdad. El sonido de las olas me fascina porque me recuerda a los paseos matutinos que daba con mi madre, por eso la nube me hace compañía. La nube es una neurótica, pero su suave toque me recuerda a mi madre, es su reencarnación. Y deseo hacerla mi esposa, la soledad me mata y la obligo a que acepte y no sé si llora de la felicidad o de tristeza. Mi amor por ella crece, me estoy volviendo una nube, o a creer que soy una, la muerte no existe para las hijas del cielo. Y la nube me mira fijamente y lo lleva haciendo por varias horas, y engorda para enfurecerme, luego enflaca para satisfacerme y sale para bañarse en la playa, pisando la tumba de arena de mi madre en su camino, y se me hace un espectáculo perturbador, pienso que mi madre y la nube son amantes de la libertad, porque yo represento su corrupción.
Mi madre me llama desde el infinito, jala mi sombra hacia las estrellas y me dice que la abrace, que quiere sentir mi calor. Y yo le digo que me queda poco tiempo de vida, que estaremos juntos para siempre, y se ríe de mis palabras, sin razón alguna. Llegamos a la luna. Mi padre está ahí, no se da cuenta de mi presencia, mi madre lo golpea con un palo, lo golpea como una piñata y hay silencio total. Yo le digo que pare, le digo “madre, golpéame, he sido un niño malo” porque mis faltas hacen eco en el vacío. Mi madre se detiene y yo la abrazo, porque tiembla de frio en el vacío y me dice que la abrace más fuerte, me dice “que somos ciegos” y se saca los ojos y me los ofrece, una ofrenda para aliviar mi dolor y empezar a descubrir la verdad detrás de mí origen, hacia donde se dirige la vida misma, cuyo beso se me es negado. Y mi madre se va alejando de mí y se pierde entre la oscuridad, una oscuridad que me aterra y me doy cuenta que ya no puedo oler su perfume, la voz de la nube llega a mis oídos y es una canción de amor. La isla se ha levantado y tapa el sol. Ahora, la nube enamorada, canta un réquiem por mi madre y mi padre agarra el palo para seguirse golpeando. Siempre será de noche, lo puedo observar desde mi ventana y las estrellas me visitan, con regalos. Y yo les cuento sobre mi vida, un concepto que no entienden, y me cuentan sobre el universo, que vasto es.
Volví a nacer, soy un niño de nuevo, escucho el sonido de mi huesos expandiéndose y mis dientes a punto de salir. Quiero olvidar mi vida pasada, la nube sigue visitándome por amor, o por nostalgia, no lo sé, le hablo y solo llora, llora como si en luto se encontrara. No puedo caminar, no disfruto los alimentos, la luz, los besos y los abrazos. Y a mi nueva madre la escucho decir que es libre, cambiándome el pañal y recibiendo golpizas de su esposo que llega siempre borracho. Y la isla se va borrando de mi memoria y mi vida pasada es solo un capitulo arrancado de una novela, una novela que jamás leeré, ya no soy esa persona, un prisionero del determinismo, la nube es libre, mi imaginación es libre, copula con la alegría de vivir. Existo, pero no porque yo lo diga, existo porque deseo libertad, porque mi dolor es mi palabra, libre de dar un paso adelante, reflexiono sobre la tierra prometida porque siento que pasaran varias vidas hasta que la pueda ver, tan preciosa, es el tesoro a encontrar, y no sé donde excavar, mi antiguo padre sabia la verdad, y el miedo invade mi ser porque he perdido la vista y unas manos empiezan a recorrer mi cuerpo. Mientras, la risa de la nube se vuelve macabra, indefenso ante sus intenciones y ante el posible regreso de la isla.